Como un pedazo de chocolate Águila justo antes de irme a dormir, para endulzar mis sueños y mis mares, para hacerme cerrar los ojos, suspirar, y querer siempre más.
viernes
sábado
Perdón. (no sólo a vos, si no, a todas las personas).
¿Podrías creerme si te dijera que soy mejor de lo que estuve demostrando ser? ¿Si te dijera que nunca en mi vida me había imaginado a mi misma de esta manera? ¿Si te dijera que no me puedo reconocer a mi misma? ¿Si te dijera que siento más rechazo hacía mi, del que vos podrías sentir? ¿Si te dijera que fue un año difícil? ¿Si te dijera que ni yo lo entiendo? ¿Y si te dijera que me arrepiento? ¿Si te dijera que quiero cambiar? ¿Si te dijera que realmente no soy ni tan estúpida ni tan hueca?
Sólo entonces voy a admitir en mi completa vulnerabilidad que me siento perdida, que tengo problemas.
Y si vos estás dispuest a perdonarme, va a ser un suspiro de alivio, que me quite el miedo a ser rechazada y que me haga animarme a decir "perdón".
Para poder perdonarme a mí misma.
viernes
Mecanismos de autodefensa.
“Que la defensa exponga su argumento.”
“Gracias, Su Señoría. Damas… Caballeros. Tras vatios giros inesperados y llegados a este punto del juicio nos damos cuenta del valor ético y moral propuesto por una diferente perspectiva de la palabra “Justicia”. Porque, ¿qué es la Justicia una vez que se la acompaña con el peso de la Verdad? ¿No están siempre aliadas? ¿Cuál supone ser el propósito de la Justicia si no es más que la búsqueda irrefutable por encontrar la Verdad? Y en cualquiera de los casos, ¿qué supone ser la Verdad? Y con respecto a la Justicia, ¿qué significa decir la Verdad? Porque la Verdad es un concepto que va más allá de jurar con la vida su prevalencia, más allá de un acto o de un hecho. La Verdad es un valor humano, probablemente el más importante.
La Verdad… la originaria Verdad no es aquella teoría que plantea la formación del Universo, si no, esa a partir de la cual una persona puede llegar a comprender cuál es su función en este Universo, y la oportunidad de cumplirla. Esa Verdad, señoras y señores en el estrado, es la respuesta a una pregunta cerrada que sólo podrá ser realizada encontrándose uno frente al espejo, un momento íntimo en el cual se cuestiona así mismo: “¿está bien, o está mal, lo que estoy haciendo?”, -a otro nivel ético que “¿cómo se declara así mismo?”-. Pese a la simplicidad de esta pregunta, al ser contestada han de analizarse factores complejos relacionados con el entorno y lo interno de la persona quien plantea la pregunta en cuestión. Las Razones, es decir.
La Razón, planteada en este contexto, hace referencia al origen de la acción, el objetivo que la moviliza. Sea, o no, analizada, consciente o subconsciente, es en base a esta que se responde la pregunta del Bien y del Mal. Y si la originaria Verdad, es una pregunta, entonces la Razón, será la respuesta. Porque es en ese momento en el cual uno sabe si está bien, o no, lo que hizo. La Razón deberá siempre ser pura, al tratarse de una Verdad. En el caso de vincularse con el odio a través de la venganza, sabremos que las Razones nunca fueron reales, porque con al odio sólo podrá llegarse con, y a través de mentiras. Citando “la Verdad es el objetivo, y el Amor, el medio para llegar a ella”, (Gandhi), lo daremos a comprobar. Aún así, cada caso deberá ser analizado meticulosamente, porque “cada persona, es un mundo aparte”, y así, me gustaría agregar, que incluso podríamos referirnos a Universos aparte. Cada persona tendrá un centro sobre el cuál girar, una órbita sobre la cual rotar; todos tenemos un lado más oscuro donde el Sol no se refleja en la Luna. De esta manera, es imposible presentarnos y explicar cómo funciona cada sistema solar dentro nuestro, y sabiendo esto, nunca iremos a ser capaces de conocer siquiera uno de los sistemas solares que representaría a la vida de nuestros pares. Nunca vamos a ser capaces de explicar todas nuestras Razones, y menos aún, de conocer las Razones ajenas. Así que, Su Señoría, ¿quién es usted para juzgar a mi clienta? ¿Habrá usted, pasado quince años, doce meses, quince días, una hora y cincuenta y dos minutos analizando el entorno y el fuero interno de mi clienta, para poder entender sus Razones? ¿Será usted la autoridad máxima, reconocida por fuera cual fuese la fuerza que controla el Universo de cada uno de nosotros? Y así mismo, ¿quiénes sos todos ustedes? Sentados en el estrado, haciéndose llamar el jurado, esperando para dar a conocer su sentenciado. ¿Quiénes se creen que son, para osar juzgar las Razones de mi clienta? ¿Cómo pueden ustedes, responder a una pregunta que debería realizarse ella, así misma? Mi clienta se declara a sí misma como Culpable. Pidiendo perdón, a su vez, mi clienta se declará culpable. Culpable de ser humana, de ser adolescente; de no saber equivocarse, y por eso equivocarse a lo grande. Culpable de ser insegura y de tener miedos, culpable de no querer enfrentar sus problemas, culpable de buscar soluciones rápidas y evasivas. Culpable de querer ser aceptada y no saber cómo. Culpable de tratar de ser ella misma y de buscarse. Culpable de haber cometido errores. No obstante, mi clienta no se declarará culpable de ser mala persona; mi clienta es culpable de ser una persona. Así como todos lo somos. Con aciertos y errores, con un Universo lleno de planetas y estrellas. “Que arroje la primera piedra quién nunca ha pecado”.
“Gracias, Su Señoría. Damas… Caballeros. Tras vatios giros inesperados y llegados a este punto del juicio nos damos cuenta del valor ético y moral propuesto por una diferente perspectiva de la palabra “Justicia”. Porque, ¿qué es la Justicia una vez que se la acompaña con el peso de la Verdad? ¿No están siempre aliadas? ¿Cuál supone ser el propósito de la Justicia si no es más que la búsqueda irrefutable por encontrar la Verdad? Y en cualquiera de los casos, ¿qué supone ser la Verdad? Y con respecto a la Justicia, ¿qué significa decir la Verdad? Porque la Verdad es un concepto que va más allá de jurar con la vida su prevalencia, más allá de un acto o de un hecho. La Verdad es un valor humano, probablemente el más importante.
La Verdad… la originaria Verdad no es aquella teoría que plantea la formación del Universo, si no, esa a partir de la cual una persona puede llegar a comprender cuál es su función en este Universo, y la oportunidad de cumplirla. Esa Verdad, señoras y señores en el estrado, es la respuesta a una pregunta cerrada que sólo podrá ser realizada encontrándose uno frente al espejo, un momento íntimo en el cual se cuestiona así mismo: “¿está bien, o está mal, lo que estoy haciendo?”, -a otro nivel ético que “¿cómo se declara así mismo?”-. Pese a la simplicidad de esta pregunta, al ser contestada han de analizarse factores complejos relacionados con el entorno y lo interno de la persona quien plantea la pregunta en cuestión. Las Razones, es decir.
La Razón, planteada en este contexto, hace referencia al origen de la acción, el objetivo que la moviliza. Sea, o no, analizada, consciente o subconsciente, es en base a esta que se responde la pregunta del Bien y del Mal. Y si la originaria Verdad, es una pregunta, entonces la Razón, será la respuesta. Porque es en ese momento en el cual uno sabe si está bien, o no, lo que hizo. La Razón deberá siempre ser pura, al tratarse de una Verdad. En el caso de vincularse con el odio a través de la venganza, sabremos que las Razones nunca fueron reales, porque con al odio sólo podrá llegarse con, y a través de mentiras. Citando “la Verdad es el objetivo, y el Amor, el medio para llegar a ella”, (Gandhi), lo daremos a comprobar. Aún así, cada caso deberá ser analizado meticulosamente, porque “cada persona, es un mundo aparte”, y así, me gustaría agregar, que incluso podríamos referirnos a Universos aparte. Cada persona tendrá un centro sobre el cuál girar, una órbita sobre la cual rotar; todos tenemos un lado más oscuro donde el Sol no se refleja en la Luna. De esta manera, es imposible presentarnos y explicar cómo funciona cada sistema solar dentro nuestro, y sabiendo esto, nunca iremos a ser capaces de conocer siquiera uno de los sistemas solares que representaría a la vida de nuestros pares. Nunca vamos a ser capaces de explicar todas nuestras Razones, y menos aún, de conocer las Razones ajenas. Así que, Su Señoría, ¿quién es usted para juzgar a mi clienta? ¿Habrá usted, pasado quince años, doce meses, quince días, una hora y cincuenta y dos minutos analizando el entorno y el fuero interno de mi clienta, para poder entender sus Razones? ¿Será usted la autoridad máxima, reconocida por fuera cual fuese la fuerza que controla el Universo de cada uno de nosotros? Y así mismo, ¿quiénes sos todos ustedes? Sentados en el estrado, haciéndose llamar el jurado, esperando para dar a conocer su sentenciado. ¿Quiénes se creen que son, para osar juzgar las Razones de mi clienta? ¿Cómo pueden ustedes, responder a una pregunta que debería realizarse ella, así misma? Mi clienta se declara a sí misma como Culpable. Pidiendo perdón, a su vez, mi clienta se declará culpable. Culpable de ser humana, de ser adolescente; de no saber equivocarse, y por eso equivocarse a lo grande. Culpable de ser insegura y de tener miedos, culpable de no querer enfrentar sus problemas, culpable de buscar soluciones rápidas y evasivas. Culpable de querer ser aceptada y no saber cómo. Culpable de tratar de ser ella misma y de buscarse. Culpable de haber cometido errores. No obstante, mi clienta no se declarará culpable de ser mala persona; mi clienta es culpable de ser una persona. Así como todos lo somos. Con aciertos y errores, con un Universo lleno de planetas y estrellas. “Que arroje la primera piedra quién nunca ha pecado”.
domingo
Nunca llevé decenas de pañuelos, nunca habrían sido suficientes.
Perdón por no saber qué decirte.
Lamento sonreírte de costado y dedicarte ojos compasivos.
Disculpa si es estúpido que vacile y te pregunte cómo estás.
No sé si abrazarte.
No sé qué palabra será justa, ¿cómo consolarte, aún sabiendo que es imposible?
Es que, siéndote sincera, nunca supe cómo dar un pésame.
Lamento sonreírte de costado y dedicarte ojos compasivos.
Disculpa si es estúpido que vacile y te pregunte cómo estás.
No sé si abrazarte.
No sé qué palabra será justa, ¿cómo consolarte, aún sabiendo que es imposible?
Es que, siéndote sincera, nunca supe cómo dar un pésame.
Te desconozco, te extraño; es que ahora sos un desconocido y un extraño.
Ibas a ampliar nuestros horizontes, nos ibas a hablar con la verdad espontánea que nace del corazón para ser traducida en palabras. Nos ibas a dar el impulso y la organización para poder llevar a cabo nuestras causas y revoluciones. Ibas a ser nuestro confidente y estratega. Ibas a liderar todas nuestras rebeliones, dispersas como cualquier deliberación interna, pero pura, al ser causada y fundamentada por principios inmutables y una ética moral sincera que vos nos habrías inculcado. Ibas a inspirarnos con arte, porque eso eras, un artista. Objeto de inspiración por ser un alma libre, con tu espíritu siempre joven y tu esencia limpia de las ideas que el sistema habría de influenciarnos para mantenernos presos. Pero vos nunca ibas a permitirlo, porque eras un guerrero. Un revolucionario, capaz de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida hacia cualquiera, la virtud más linda de un revolucionario. Me ibas a hablar de filósofos y pensamientos, y yo te iba a escuchar, porque vos no te ibas a contradecir nunca. De saber quién eras, y adónde querías llegar, yo te iba a admirar porque siempre lo ibas a tener en claro. Yo iba a querer ser como vos. Ibas a ser mi ídolo, el más grande. Eras un bohemio, un hippie, un liberal. Eras un genio de la vida. Eras una persona real. Habrías sido mi referente para todo, con tus errores de los cuales yo podría aprender, pero con tu corazón al cual yo siempre iba a seguir, por compartirlo, por bombear la misma sangre en un cuerpo con los mismos genes.
Debiste haber sido más valiente y más resistente.
No hay máquinas del tiempo, ni contravientos que te hagan volver, porque ni aunque quisieras, podrías volver a ser el mismo. Ya te alejaste demasiado de quién eras, años luz de distancia.
Yo no sé quién sos. Pero sé a quién extraño.
Debiste haber sido más valiente y más resistente.
No hay máquinas del tiempo, ni contravientos que te hagan volver, porque ni aunque quisieras, podrías volver a ser el mismo. Ya te alejaste demasiado de quién eras, años luz de distancia.
Yo no sé quién sos. Pero sé a quién extraño.
sábado
Soy libre porque puedo escribirlo.
Olvidarse de los problemas para poder distraernos, o no olvidarlos para poder expresarlos. Es dejar que los pensamientos viajen y recorran cada recoveco dentro de nuestro fuero interno, para encontrar recuerdos y limpiar capas de polvo y telarañas. Es dejar que los pensamientos fluyan, para que nos hagan levitar, desafiando las leyes de la física y gravedad, para que podamos terminar en universos desconocidos, las famosas dimensiones paralelas, que la creatividad jamás limita, sino que alimenta. Nos damos la oportunidad de despegarnos de la realidad y encontrar un propio lugar dentro de nuestra imaginación. Un lugar donde sea posible respirar con los ojos cerrados, donde cada exhalación es un suspiro del alma, que sopla y que aleja dolores o preocupaciones; donde cada exhalación desprende ropa, desnudando el cuerpo y liberando al corazón. E inhalar es inspirar, pero inspirar al espíritu para que siga siendo osado, dando la valentía y los motivos necesarios para concretar la autenticidad de un propósito sincero, que no lucra, que es puro, porque es un sentimiento.
jueves
Fue así como dejaron de escucharse garras afiladas, desesperadas por interrumpir en la puerta de mi cuarto. Cesaron los ruidos toscos, por la noche, y en los pasillos de la casa. Las puertas ya no se abrían solas ni desaparecían las cosas.
El silencio hacía eco en las cuatro paredes de mi habitación.
Mi gata no se volvía loca por entrar en mi cuarto y molestarme, acostarse en mi ropa negra, para llenarla de pelos blancos. No roncaba al lado de mi puerta las noches que la hacía dormir en el pasillo. No saltaba a los picaportes para entrar a la casa cuando de quedaba afuera.
Sini no estaba.
El silencio hacía eco en las cuatro paredes de mi habitación.
Mi gata no se volvía loca por entrar en mi cuarto y molestarme, acostarse en mi ropa negra, para llenarla de pelos blancos. No roncaba al lado de mi puerta las noches que la hacía dormir en el pasillo. No saltaba a los picaportes para entrar a la casa cuando de quedaba afuera.
Sini no estaba.
miércoles
De las cosas que llegan cuando uno deja de buscarlas.
El colectivo no frenó y casi tuvo que subir en movimiento. Hacía calor y ella no llevaba puesto el sweatter, los hilos eran muy gruesos y de por sí se asaba con esas calzas negras. Se abrigaba tanto pensado por las mañanas: no es lo mismo el clima a las 7 AM, que una vez amanecido el cielo y secado el rocío. El choffer de las 3 hoy no era el mismo que el de mañana.
"Hola, Dany, ¿cómo andas?", era, en parte, una pregunta en retórica, solamente le interesaba comprar el boleto y volar hasta el asiento.
Miró de reojo como para verificar si había algún conocido para conversar y pasar el viaje más rápido: una pareja joven, una señora con cara de cansada y un pelado con una guitarra. Así que siguió de largo y se sentó en el lugar de siempre, "los ante últimos asientos antes de la puerta, no muy lejos, pero tampoco tan cerca; un lugar para mí, y otro para el bolso."
Se disfrutan más con auriculares mirando por la ventana al panorama, pero estaba roto el MP4.
Le gustaban los comics, "quisiera que mi vida fuera tan bizarra como la de Scott Pilgrim". Ya iba por la mitad cuando llegaron al centro.
Que te toquen el hombro te hace sobresaltar un poco: primero miró su mano y un papel que estiraba, ella aceptó el papel como si fuera una invitación, y agradeció sin estar segura de qué decir.
Fue un gesto, fue un regalo: un poco de suerte.
Supongo que es de esas cosas que son especiales, únicas.
Gracias al pelado por el trébol de cuatro hojas, hace rato venía buscando uno!
"Hola, Dany, ¿cómo andas?", era, en parte, una pregunta en retórica, solamente le interesaba comprar el boleto y volar hasta el asiento.
Miró de reojo como para verificar si había algún conocido para conversar y pasar el viaje más rápido: una pareja joven, una señora con cara de cansada y un pelado con una guitarra. Así que siguió de largo y se sentó en el lugar de siempre, "los ante últimos asientos antes de la puerta, no muy lejos, pero tampoco tan cerca; un lugar para mí, y otro para el bolso."
Se disfrutan más con auriculares mirando por la ventana al panorama, pero estaba roto el MP4.
Le gustaban los comics, "quisiera que mi vida fuera tan bizarra como la de Scott Pilgrim". Ya iba por la mitad cuando llegaron al centro.
Que te toquen el hombro te hace sobresaltar un poco: primero miró su mano y un papel que estiraba, ella aceptó el papel como si fuera una invitación, y agradeció sin estar segura de qué decir.
Fue un gesto, fue un regalo: un poco de suerte.
Supongo que es de esas cosas que son especiales, únicas.
Gracias al pelado por el trébol de cuatro hojas, hace rato venía buscando uno!
martes
El desorden de la pieza y el desastre de mi vida.
Habían zapatillas donde deberían haber lápices, habían golosinas donde deberían estar las medias, habían silencios en donde deberían haber palabras. Había ropa sucia mezclada con la limpia, y gente de mierda disimulando en su hipocresía. Habían camisas arrugas y sweaters manchados. Habían jeans cubiertos en barro y una campera estropeada por las polillas. Habían días de lluvia y fines de semana vacíos. Hojas de revistas, y futuros collages que nunca fueron terminados. Cosas que debí haber dicho y que nunca me animé. Miles de millones de diarios; de la semana pasada, de ayer, de hace un año... Recuerdos de los 4 años. Recuerdos de hace un mes que no están dónde deberían estar. Hojas de borradores, demasiados borradores. Demasiado pensar, bollos de papeles al rededor del tacho. Dibujos a medio terminar, bosquejos, ideas, algunas reflexiones y títulos de historias. Anécdotas que sólo irán a parecerme cómicas hasta dentro de 5 años. Notas para terminar la tarea, para buscar información, un número de teléfono y la lista de las que cosas a comprar en el centro. Ambiciones y proyectos, ganas de hacer cosas y vagancia para mandar todo al carajo. Fotocopias de física, apuntes de biología, machetes de geografía y notas de análisis de historia. Trastornos imaginarios, y una imaginación tremenda. Una musculosa sucia, el mail de la Procichiani, y la data para las olimpíadas de filosofía. Nostalgia y vacío. Bronca. Más papeles borradores. Amores del pasado, y miedo a lo desconocido. Terremotos de ropa en el placard y tsunamis de recuerdos en mi cabeza. Juguetes de cuando tenía 6 años, ganas de tener 6 años. Libros y latas de champigñones; más libros y poco tiempo para leerlos. Separadores a medio capítulo, faltando poco para terminar. Una lámpara rota colgada de la puerta. Fragmentos de vidrio, los pedazos de un corazón que ya no es el mismo. Saquitos de té secos. Escondites para las cosas, y algunas opiniones que, sería conveniente que nadie encuentre. Pelos de la gata sobre la ropa negra. Palabras fuera de lugar y maniobras evasivas. Situaciones que no quiero enfrentar y madurez que no quiero adquirir. Cáscaras sin nuez, y algunos copos de cereales de desayunos improvisados. Vasos sucios, de esas noches que me secan la garganta. Pañuelos usados, de esos días que me llegan a paspar la cara. Agendas que nunca supe usar, y consejos que no supe aprovechar. Álbumes de fotos y cosas viejas que no puedo tirar. Pilas de cosas que no quiero perder. Pérdidas que me carcomen la cabeza. Sueños que nunca despego de la almohada. Corpiños que se secan sobre el calefactor. Entradas de un concierto que se estropearon por la humedad. Un espejo apoyado en la pared. Experiencias a las que me aferro y no quiero soltar. Luz que entra por la ventana. Calor que calienta mi cara. El mp4 que debe estar tirado en algún rincón. Música, que está siempre, y en todos lados. Citas de Voltaire pegadas en la pared, algo que me dijo y que nunca me pude olvidar. Secretos ajenos y confesiones propias. La cama destendida y un insomnio encima. Artículos sobre el periodismo, la verdad que necesita ser difundida. Expectativas de vida y vacíos existenciales. El DNI arrugado y una identidad a construir. Recetas de comidas y algunos trastornos alimenticios. Raid para los mosquitos y las mariposas en mi estómago. Un libro sobre la vida que no termino de leer, y esas entradas inconclusas que dejo en finales abiertos.
miércoles
A veces las ganas de escribir ciegan mi creatividad y escribo cualquier cosa.
Cuando me pregunto a mi misma sobre qué escribir una entrada me siento tan común y tan corriente...
Al momento de subir al cole, de caminar a mi casa, de ver y de hundirme en esos ojos llenos de miel y dulzura, o de plantearme en dónde quiero estar dentro de diez años, o cinco, que me pregunten que va a ser de todo cuando nuestro tiempo sea otro más lejano, pero más instantáneo a la vez, es como si mis pensamientos me llevaran a lugares muy profundos, donde me debato internamente mi existencia y mi propósito en la vida... Capaz para terminar imaginándome en situaciones para las cuales me falta el coraje para experimentar, o para decirme a mi misma lo idiota que fui y lo que debí haber dicho, culpar a la edad, a las hormonas, a la menstruación, repartir mis arrepentimientos a otras razones con tal de no admitir que es momento de madurar.
Es que al final de cuentas me doy cuenta de que mis problemas son tan superficiales. No estoy pensando en las minas que siguen enterradas en Afganistán o Irák, (son brillantes y los niños pueden confundirlas con juguetes), menos aún en las mujeres de Somalía, (que sufren abusos por cultura), o en Lalo, siquiera, (está teniendo dificultades de salud).
Perdón. Cuando sea periodista de investigaciones, prometo compensarlas todas, pero por ahora, dejenme pensar en lo que quiero de mi misma, quejarme del colegio, distraerme con las ventanas, ruborizarme por un mimo.
Al momento de subir al cole, de caminar a mi casa, de ver y de hundirme en esos ojos llenos de miel y dulzura, o de plantearme en dónde quiero estar dentro de diez años, o cinco, que me pregunten que va a ser de todo cuando nuestro tiempo sea otro más lejano, pero más instantáneo a la vez, es como si mis pensamientos me llevaran a lugares muy profundos, donde me debato internamente mi existencia y mi propósito en la vida... Capaz para terminar imaginándome en situaciones para las cuales me falta el coraje para experimentar, o para decirme a mi misma lo idiota que fui y lo que debí haber dicho, culpar a la edad, a las hormonas, a la menstruación, repartir mis arrepentimientos a otras razones con tal de no admitir que es momento de madurar.
Es que al final de cuentas me doy cuenta de que mis problemas son tan superficiales. No estoy pensando en las minas que siguen enterradas en Afganistán o Irák, (son brillantes y los niños pueden confundirlas con juguetes), menos aún en las mujeres de Somalía, (que sufren abusos por cultura), o en Lalo, siquiera, (está teniendo dificultades de salud).
Perdón. Cuando sea periodista de investigaciones, prometo compensarlas todas, pero por ahora, dejenme pensar en lo que quiero de mi misma, quejarme del colegio, distraerme con las ventanas, ruborizarme por un mimo.
domingo
Conflicto...¿con C de "casa" o de "colegio"?
Si seguimos dando vueltas, nos vamos a marear.
Caemos en picada y no sabemos dónde aterrizar.
Una profunda inspiración antes de saltar, para estrellarme contra el planeta tierra y volver a la realidad.
Caemos en picada y no sabemos dónde aterrizar.
Una profunda inspiración antes de saltar, para estrellarme contra el planeta tierra y volver a la realidad.
No sé qué es peor, si estar en mi casa, o en el colegio. Capaz por eso me paso el tiempo en la parada del colectivo.
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