Empecé a correr en un grupo. Venía re turbia mal, vomitando, fumando, comiendo gilada y no nutriéndome. Y quise darlo todo. Y lo dí todo, vieja. Terminé vomitando furioso, pero levanté la frente y llegué trotando. Había tomado mucho mate. Y tenía mil mambos en la cabeza. Mi vieja me soltó que no me veía preparada para volver a arrancar. La verga de la yuta. Me fumé un pucho, y a la hora pretendí ir a entrenar. Flashié.
Cuando volví a mi casa tomé un vaso de agua, medio gajo de naranja, MEDIO, y corrí al baño a lanzar. Y cada vez que tomé agua lancé. Tomé soda y lancé. Lancé y ya no tenía nada adentro de mi estómago. Se contraían mis músculos y se me escapaban gemidos de dolor por las contracciones. Fue tremendo. El cuerpo diciéndome basta, diciéndome loca rescatate acá. Después de tres horas así me agarró diarrea. Y volvía a vomitar. Querías vomitar wacha? Tomá, dice la vida. Tomá dice siempre la vida. Y tenés que aceptar, lo que quieras, lo que creas que te está dando.
A mí me dio una larga y asquerosa noche de diarrea y vomitos. Y como no podía tomarme la quetiapina del miedo que me daba vomitarla no dormí en toda la noche.
Y pensé en muchas cosas. En todo lo tóxico que le estaba dando a mi cuerpo, y a mi vida. Y me comí el viaje de que posta no estaba preparada para irme.
Hoy no, hoy ya fue. Hoy preparada las pelotas. Pero me cabió entrenar. Me copé con el grupo. Me copé con cerámica. Yendo a la casa de Aurora a jugar con les niñites. Pensando en llevar una vida más saludable.
Ya pasaron como tres semanas de esto. Y sigo fumando. Igual no tanto. Sigo entrenando también. El otro día el entrenador se olvidó de avisarme que se cancelaba ese día y yo ya estaba ahí y fueee, me fui trotando de vuelta hasta mi casa, total tenía que llegar. (acá aclaro que vivo en la loma del orto a 8 km) Y le metí bien y llegué en media hora. Me sentí muy bien.
A veces
me siento realmente muy bien. Muy plena. Feliz. Viva.
Otras veces no. Pero sé que doy pasos para delante, o algo así.