martes

La inspiración no era el móvil de la creatividad; la inspiración era el proceso mediante el cual el cuerpo incorporaba aire a través de las vías respiratorias.

 Caiga o no caiga la nieve es más, o menos frío, usar ,o no guantes, abrochar, o no la campera. Los copos que se pegan en el pelo y las pestañas son molestos. Los roces entre manos congeladas lastiman, y queman por la escarcha. Las charlas son demasiado superficiales y cortas como para dejar que el aliento junto con su calor se escape. Bajar antes del cole es cagarse de frío y caminar de más.
No había inspiración ni ganas de hacer algo estúpido y espontáneo. 
¿Qué se decía en estos casos?
Seguía encontrando móviles para escribir, pero las producciones eran aburridas, calculadas y realistas. 

miércoles

Okey, let's talk about Kevin.

Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, en lugar de refregarle todas las cosas que no pude hacer de mi vida, le habría inculcado el poder de voluntad para que pudiera realizar los suyos propios. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría hecho cosas ricas para comer.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría hecho mimos todo el tiempo y le habría dicho lo mucho que lo amo.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, cuando pintó mi cuarto con pintura, me habría relajado, y lo habría felicitado por la creatividad, le habría ofrecido ayudarle a hacer lo mismo con el suyo.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, habría buscado ayuda. De un psicólogo, de un asistente social, de un mediador, cualquiera. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, me habría abierto a dar el primer paso dejando de lado el orgullo. Siendo paciente y tolerante, atenta y comprensiva.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, habría tenido en cuenta que es un nene, y que no mide del todo las cosas que dice o hace. Lo habría educado y orientado para que diferencie lo, moralmente, bueno de lo malo; y para que relacione las consecuencias de lo malo.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría hablado más todavía. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría comprado ropa, cualquiera fuera la cosa que le gustara, y mañas de adolescente.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, no habría permitido que matara a su propio padre y a su propia hermana. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, en esa visita en la prisión para menores le habría hablado de la admiración que sentía su hermana hacia él, del amor incondicional que le tenía su padre. 


Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, me habría sentido una mujer tan importante, con un deber por cumplir, con el mundo y con mi hijo, porque si realmente era genéticamente un sociópata asesino, entonces debería haber hecho lo imposible por ayudarlo. 


Por alguna razón, Kevin me recuerda a Gollum... Estaba desquiciado. Necesitaba amor y atención para recuperar el uso de la razón.*




*Toda la entrada hace referencia a la película: Tenemos que hablar de Kevin. La recomiendo. 

lunes

Un día soleado ya era inusual en invierno, de por sí.

El sol mantenía tibia mi cara, hace rato me había entregado al calor y cada tanto subía la cabeza, cerrando los ojos, en dirección al cielo, "que venga a mí", pensaba, "que me siga calentando", "que dure". Me sentía cómoda mientras esperaba el bondi.
Me pregunté cómo me vería desde afuera: chica con pelo por encima de los hombros, decolorado para verde, los chillones auriculares rojos, el sweater negro para el look desaliñado, El Retorno Del Rey entre las manos...
Algo que me gustaría ver en una foto, cómo me veo desde afuera.
Y sonaba See You de los Foo's en el mp4. Y Saruman sentía una mezcla de admiración, respeto y odio hacia Frodo en la Tierra Media. 
Y el flaco me escucha cantar en voz baja, qué vergüenza. Se para a pocos metros de donde estoy yo, y lo miro. Y es fachero, se viste bien y no estoy segura, será turista o lo habré visto antes? No es boludo y nota que lo estoy mirando. Y se acerca. Yo estoy leyendo.
- Disculpame...


Y yo estoy segura de que me va a preguntar si pasa el cole o si lo estoy esperando. Me saco los auriculares. 


-... ¿Te molesta si te saco una foto mientras leés? 
- (Whatss...? Jajaj.) No, no hay drama!


Me sonríe... Usa braquets.
Sigo escuchando música y trato de retomar la lectura. Él vacila y no sabe si sacarla mientras le sonrío, o si esperar a que siga leyendo. Me causa gracia, la foto la saca con su celular de muchos megapíxeles.


- Listo, gracias! Vos, sos de acá, ¿no?
- Sí, sí.
- ¿Sabés en dónde puedo tomar algo, así tranqui a la noche?
- Mmm, Baulhaus está bueno, yendo para Manzano. O el Viejo Fred también me copa, hacen pizzas y comidas caseras.
- Ah, bien, ¿y bandas que toquen en vivo?
- Y... Un lunes sería raro acá en Villa La Angostura.
- Ah, ¿no tocan los lunes?
- No... Bah, por ahí en Baulhaus en una de esas sí, aparte es una cervecería también. Está bueno.
- Uh, cervecería, mejor! Jaja. 
- Sí...
- Bueno, gracias, che! Suerte!
- No, por nada! Chau!


Y "sos raro", pienso. Pero en una dimensión paralela, una dimensión en la cual yo no tuviera bastantes años menos, habría reaccionado. Qué chabon, qué chamuyo tan original. Such a shame. 

jueves

Es inútil.

Ahora sentía que los chamuyos, las excusas... tantas idas y tantas vueltas, perdían la adrenalina y se convertían en respuestas incoherentes, que después de ser tan repetitivas se hacían enfermizas, concluyendo en la frustración: porque siempre caemos en lo mismo. 
Capaz no deberíamos esperar tanto el uno del otro.
Ese es nuestro error... Que esperamos donde ya no quedan esperanzas.


Que loco es empezar una nota pensando en una cosa y darte cuenta que en realidad estabas escribiendo sobre otra.

sábado

Anoche.

Hacía frío, llovía. Ahora se daba cuenta de que el vagabundeo no era un estilo de vida para cualquiera. La calle nunca era tan jodida hasta que se hacían las 4am. Se le antojaba una cama calentita, se habría conformado con un colchón en el piso, y aprovechando que soñar es gratis, por qué no, un té de boldo caliente.
Enroscada en su brazo, agradecía la compañía, pero habría preferido no haberla necesitado. Era buena amiga, siempre era tierna con ella. Rechazó su campera, y le dijo que estaba bien, que caminando iba a entrar en calor. 
Los chicos de enfrente compraron facturas, "qué hijos de puta". ¿Ninguno tendrá hora? Les daba vergüenza pedir un célular con crédito. En la panadería, el vidrio empañado por el calor hacía que el alma se llenara de anhelo, y de ese anhelo que te hace querer resignarte y aceptar que es solamente un deseo. Más pensamientos platónicos. Quiso dibujar una carita feliz en el vidrio, pero eso solamente era posible desde el lado de adentro... "¡Cómo quisiera estar del lado de adentro!
Esquivando charcos y tratando de silbar. Las zapatillas mojadas pesaban más que los borcegos; nunca había aprendido a silbar. La campera, le había dicho antes de salir, pero le contestó que no iba a ser necesaria, los viejos las iban a estar esperando apenas terminara la joda. Pero ahora no estaba ahí, ni ella, ni sus viejos, tampoco la campera. 
Minutos antes habían halagado la campera de cuero, "ya me lo habías dicho antes, gracias", pero eran cosas solamente superficiales, no calentaban, el corazón estaba frío, y también los brazos. Las caricias no eran tibias, y la campera de cuero no era térmica. Pero era lindo... Y la campera también era linda. 
Aún así habían cosas de las que no se arrepentía. 
El pelo verde era muy loco, sí, era muy loco. Pero había que encontrar un lugar en donde esperar, le dijo. Había que dejar de conversar de cosas estúpidas, así que le pidió que se rescatara. Ya demasiadas escenas le había hecho pasar cuando quiso hacerse la grande al frente de la cana.
A veces lloraba cuando tenía miedo, así que le agradeció a ella por consolarla. 
Los pensamientos siempre se iban al carajo. En el fondo, de todas formas, sabía que no se iba a morir.


Nunca más, se dijo, una vez ya acostada en la cama. 


El vagabundeo y la joda funciona para los que tienen auto, y celular, o para lo que viven en El Once.



jueves

Hace frío, dijo. Dió vuelta un tronco y las chispas se desparramaron.

Primero calentaba mis pies envueltos en camperas, llegaba a mi cara y la suavizaba. Dibujaba en mis lentes el reflejo de un fuego que no ardía, un fuego que acariciaba y trataba de secar las penas que se asomaban en el borde de las pestañas. Me daban ganas de tocarlo, de sentirlo... De fusionarme y ser parte de su calor.
Desviaba mis pensamientos como tanto yo lo mirara. Y era inevitable no mirarlo. Las llamas trepaban por la chimenea y se arrastraban entre las brasas. La niñez que me habría gustado tener y el futuro que me esperaba. El vacío existencial que seguía siendo un vicio vitalicio y una constante búsqueda en la identidad que yo misma estaba tratando de materializar. Una aurora de colores, generada por una combustión química, cosas que yo no quería entender de la vida, el arco iris era generado por la aparición de un espectro y las frecuencias de luz. Seguía siendo mágico para mí. 
El silencio se interrumpía. Se consumía la leña. Retomaba el hilo de mis pensamientos, para que me consumieran a mi misma de la misma manera. Repetía palabras de hace un año en mi cabeza y reproducía canciones de 1998. Nostalgia que me incendiaba y cenizas de recuerdos. Mis manos sobre el fuego, tibias, después sostenían mi cara y trataban de calentarla. 
Afuera seguía lloviendo. 


miércoles

Inviernos sin abrazos tibios.

El frío ardía en la piel. 
Los viejos recuerdos que se habían grabado en el tacto, las caricias, los abrazos, los golpes, todo estaba congelado en su lugar y en su momento.
Las manos se sentían adormecidas, el hielo siempre había sido una buena manera de anestesiar el dolor, pero no las penas.  
Nos mata el orgullo y el frío, tan distante,  en los ojos, las palabras cortan como estalagmitas, se desprenden de nuestras bocas y caen en nuestras orejas, rompiéndose en miles de pedazos dentro de nuestras cabezas.
Y ahora, sobre esta capa de escarcha que recorre mi cuerpo se pegan palabras de despedida, sobre mis labios, en mis oídos. Perdones y arrepentimientos que se condensaban en mi aliento. Lágrimas que se congelaban para pegar pestañas. Vanos intentos en separar los párpados... Nos damos por vencidos y cerramos los ojos. 
El cuerpo ya no tiene mecanismos de defensa, está cansado de tiritar. 
Nuestros pensamientos se refugian en playas paradisíacas y calefactores. Soñamos con soles, y cielos sin nubes. Susurros, palabras que descongelan glaciares; mimos, movimientos que te hierven la sangre.
Una última caricia que se siente áspera y crujiente. Ya es muy tarde para cortar con toda esta frialdad. 
Copos de nieve y esperanzas que caen al piso. Se hacen parte en una multitud para perderse, y nunca más reencontrarse.

(publicado en 23/05/2012)

lunes

Estoy enojada, y me siento mal por no haberle preguntado a aquella nenita qué era lo que le pasaba, por qué lloraba.

La gente sabía que preguntar era de mala educación, que mirar, era incomodar, y que incomodar, también era de mal gusto, y por ende, de mala educación. 
Y nos daba vergüenza ser unos mal educados e ir en contra del sistema educativo, porque lo que no nos enseñaban era que el ir en contra, el ser unos incorrectos, nos convertía en rebeldes.
No nos enseñaban que el tener convicciones y fuertes argumentos, el luchar por una causa, nos convertía, por sobre todo, en rebeldes.
No nos enseñaban que los más grandes pensadores eran rebeldes en la ciencia y la historia, que rebeldes, eran los revolucionarios, que los revolucionarios también podían ser libres. 
Así que, creyéndonos correctos, sin saber que realmente eramos esclavos, que al ser "bien educados" estabamos siendo sometidos, sin saber lo que es un fundamento, una razón, o una motivación, sintiendo vergüenza, vergüenza por sentir empatía, por querer acudir a una persona que lo necesita, siendo ajenos a la situación, pero aún así tratando de desactivar en nosotros mismos esas ganas de ayudar y de consolar. Porque todos nosotros sabemos lo que es sentirse mal. Todos nosotros hemos llorado y sabemos lo que es que duela. Y no podemos evitarlo, no podemos evitar llorar, ni querer abrazar a alguien cuando llora. Pero uno se acostumbra.
Y es por eso que ahora cuando caminamos por la calle, no acostumbramos preguntar. No miramos, no incomodamos. No nos interesa siquiera lo que a otro le pase.

jueves

El café, la bebida de la gente seria y adulta.

Llegar a fin de mes, pudiendo pagar cosas innecesarias que no cumplen otra función que no sea alimentar el capricho insaciable por consumir. Dejar cada montañita de polvo en el lugar indicado, que es el único y el ideal para cada cosa. Levantarse a las 8am y prender la tv, para empezar el día con las noticias, y apagarlo a las 11pm, una vez finalizada la programación chimentera. "Que fulanito se divorció, porque menganita lo engañó". La cena de los sábados con esos amigos de la familia que son insoportables, pero todo sea por mejorar el status social. La arrogancia que no te permite escuchar ni aprender, haciéndote sentir que ya las viviste todas y te sabés la enciclopedia de memoria. Los expedientes que quedaron incompletos, y el informe que el jefe nunca en su vida se va a tomar la molestia en leer.  Todo es no, todo es negativo, para todo es tarde, todo es resignarse.
El café todavía tiene sabor a adultez, tan amargo y aburrido.

domingo

Si estuviera durmiendo no me rompería la cabeza con estas pelotudeces. Voy a culpar al azúcar, estoy pasada de rosca.

A veces tenía ganas de sentir cosas reales, dejar de lado la superficial sensación de una tijera arrasando con mi pelo, o la de la textura tipo mousse arruinando y envejeciendo mi piel; el ardor en mis ojos que causaba la cosa que sale del pincel del rimmel, o del delineador líquido, o esa espuma que me hacía sentir frío cuando la desparramaba en mi cabeza, despeinando mi pelo, y que rozaba mi nuca. También las quemaduras de la planchita cuando le erraba al morocho cortito y la pasaba sobre mi oreja, derecha generalmente. Me aburría de pasar horas frente al espejo, escondiendo panza y endureciendo los abdominales, para frustrarme cuando me tocaba relajar la gula; probarme cinco jeans diferentes porque siento que ninguno me hace ver bien el orto, que cada vez lo siento como que está más chato. 
Y, justamente, patética me siento por preocuparme por estas cosas. 
Porque patético es comparar mis cejas con fotos de celebrities, y preguntarle a todos en mi casa si se parecen. Patético es querer parecerme, patético es el no entender que soy diferente, que soy única, y que una comparación, por menos significante que sea, es inútil. 
"Bueno, chicas, pero si vamos a compararnos unas con otras, somos todas horribles, o somos todas hermosas, porque somos diferentes, ¿qué estamos comparando, y a partir de qué parámetro?"
Pero soy hipócrita. Digo cosas que se contradicen con mis actos. 
Me miro al espejo, y me acerdo, la luz de mi cuarto es una poronga. Aparto la vista, y veo una de las fotos de dejé abierta en el buscador de google. Y, aaaaaaay, mierda. "Su pelo es hermoso, ¿por qué a ella le queda bien el corte? Odio a los peluqueros, siempre hacen lo que quieren en tu cabeza. Yo quería tenerlo como ella, tengo la pinta de una nena de 4 años. Argflskdjhfkajhsdf, me odio a mi misma. Y odio a esta sociedad consumista, que te estereotipa y te presiona, para que te compares y para que después se te baje la autoestima."
Y después llega el insomnio. Pensamientos negativos que me carcomen la cabeza, que me estresan, y que hacen que me salgan granitos. 
"Culpemos a la histeria y comamos helado de chocolate, Julieta."
No, no estoy indispuesta. Soy un desastre emocional los 28 días del ciclo femenino.

jueves

(En negrita, porque es algo que quiero destacar).

Una dosis de autodestrucción... De esas que te desequilibran y generan cambios internos en tu personalidad. Pero vanamente, aún más sabiendo que en el fondo seguís siendo la misma garcha. 
Pero te das un poco... 
Ataques de rebeldía, impotencias reprimidas, pelo corto y cicatrices.
Dejando de lado las cosas que nos gustan, para volver a la monotonía de la rutina y el drama de la adolescencia. 
 ¿Retomando viejos hábitos, entonces?
No deja de ser problema mío.


Neeeeeeeever ending... Same old story!