sábado

Soy libre porque puedo escribirlo.

Olvidarse de los problemas para poder distraernos, o no olvidarlos para poder expresarlos. Es dejar que los pensamientos viajen y recorran cada recoveco dentro de nuestro fuero interno, para encontrar recuerdos y limpiar capas de polvo y telarañas. Es dejar que los pensamientos fluyan, para que nos hagan levitar, desafiando las leyes de la física y gravedad, para que podamos terminar en universos desconocidos, las famosas dimensiones paralelas, que la creatividad jamás limita, sino que alimenta. Nos damos la oportunidad de despegarnos de la realidad y encontrar un propio lugar dentro de nuestra imaginación. Un lugar donde sea posible respirar con los ojos cerrados, donde cada exhalación es un suspiro del alma, que sopla y que aleja dolores o preocupaciones; donde cada exhalación desprende ropa, desnudando el cuerpo y liberando al corazón. E inhalar es inspirar, pero inspirar al espíritu para que siga siendo osado, dando la valentía y los motivos necesarios para concretar la autenticidad de un propósito sincero, que no lucra, que es puro, porque es un sentimiento.

jueves

Fue así como dejaron de escucharse garras afiladas, desesperadas por interrumpir en la puerta de mi cuarto. Cesaron los ruidos toscos, por la noche, y en los pasillos de la casa. Las puertas ya no se abrían solas ni desaparecían las cosas. 
El silencio hacía eco en las cuatro paredes de mi habitación. 
Mi gata no se volvía loca por entrar en mi cuarto y molestarme, acostarse en mi ropa negra, para llenarla de pelos blancos. No roncaba al lado de mi puerta las noches que la hacía dormir en el pasillo. No saltaba a los picaportes para entrar a la casa cuando de quedaba afuera. 
Sini no estaba. 

miércoles

De las cosas que llegan cuando uno deja de buscarlas.

El colectivo no frenó y casi tuvo que subir en movimiento. Hacía calor y ella no llevaba puesto el sweatter, los hilos eran muy gruesos y de por sí se asaba con esas calzas negras. Se abrigaba tanto pensado por las mañanas: no es lo mismo el clima a las 7 AM, que una vez amanecido el cielo y secado el rocío. El choffer de las 3 hoy no era el mismo que el de mañana. 
"Hola, Dany, ¿cómo andas?", era, en parte, una pregunta en retórica, solamente le interesaba comprar el boleto y volar hasta el asiento. 
Miró de reojo como para verificar si había algún conocido para conversar y pasar el viaje más rápido: una pareja joven, una señora con cara de cansada y un pelado con una guitarra. Así que siguió de largo y se sentó en el lugar de siempre, "los ante últimos asientos antes de la puerta, no muy lejos, pero tampoco tan cerca; un lugar para mí, y otro para el bolso." 
Se disfrutan más con auriculares mirando por la ventana al panorama, pero estaba roto el MP4. 
Le gustaban los comics, "quisiera que mi vida fuera tan bizarra como la de Scott Pilgrim". Ya iba por la mitad cuando llegaron al centro.
Que te toquen el hombro te hace sobresaltar un poco: primero miró su mano y un papel que estiraba, ella aceptó el papel como si fuera una invitación, y agradeció sin estar segura de qué decir.

Fue un gesto, fue un regalo: un poco de suerte. 
Supongo que es de esas cosas que son especiales, únicas.
Gracias al pelado por el trébol de cuatro hojas, hace rato venía buscando uno!

martes

El desorden de la pieza y el desastre de mi vida.

Habían zapatillas donde deberían haber lápices, habían golosinas donde deberían estar las medias, habían silencios en donde deberían haber palabras. Había ropa sucia mezclada con la limpia, y gente de mierda disimulando en su hipocresía. Habían camisas arrugas y sweaters manchados. Habían jeans cubiertos en barro y una campera estropeada por las polillas. Habían días de lluvia y fines de semana vacíos. Hojas de revistas, y futuros collages que nunca fueron terminados. Cosas que debí haber dicho y que nunca me animé. Miles de millones de diarios; de la semana pasada, de ayer, de hace un año... Recuerdos de los 4 años. Recuerdos de hace un mes que no están dónde deberían estar. Hojas de borradores, demasiados borradores. Demasiado pensar, bollos de papeles al rededor del tacho. Dibujos a medio terminar, bosquejos, ideas, algunas reflexiones y títulos de historias. Anécdotas que sólo irán a parecerme cómicas hasta dentro de 5 años. Notas para terminar la tarea, para buscar información, un número de teléfono y la lista de las que cosas a comprar en el centro. Ambiciones y proyectos, ganas de hacer cosas y vagancia para mandar todo al carajo. Fotocopias de física, apuntes de biología, machetes de geografía y notas de análisis de historia. Trastornos imaginarios, y una imaginación tremenda. Una musculosa sucia, el mail de la Procichiani, y la data para las olimpíadas de filosofía. Nostalgia y vacío. Bronca. Más papeles borradores. Amores del pasado, y miedo a lo desconocido. Terremotos de ropa en el placard y tsunamis de recuerdos en mi cabeza. Juguetes de cuando tenía 6 años, ganas de tener 6 años. Libros y latas de champigñones; más libros y poco tiempo para leerlos. Separadores a medio capítulo, faltando poco para terminar. Una lámpara rota colgada de la puerta. Fragmentos de vidrio, los pedazos de un corazón que ya no es el mismo. Saquitos de té secos. Escondites para las cosas, y algunas opiniones que, sería conveniente que nadie encuentre. Pelos de la gata sobre la ropa negra. Palabras fuera de lugar y maniobras evasivas. Situaciones que no quiero enfrentar y madurez que no quiero adquirir. Cáscaras sin nuez, y algunos copos de cereales de desayunos improvisados. Vasos sucios, de esas noches que me secan la garganta. Pañuelos usados, de esos días que me llegan a paspar la cara. Agendas que nunca supe usar, y consejos que no supe aprovechar. Álbumes de fotos y cosas viejas que no puedo tirar. Pilas de cosas que no quiero perder. Pérdidas que me carcomen la cabeza. Sueños que nunca despego de la almohada. Corpiños que se secan sobre el calefactor. Entradas de un concierto que se estropearon por la humedad. Un espejo apoyado en la pared. Experiencias a las que me aferro y no quiero soltar. Luz que entra por la ventana. Calor que calienta mi cara. El mp4 que debe estar tirado en algún rincón. Música, que está siempre, y en todos lados. Citas de Voltaire pegadas en la pared, algo que me dijo y que nunca me pude olvidar. Secretos ajenos y confesiones propias. La cama destendida y un insomnio encima. Artículos sobre el periodismo, la verdad que necesita ser difundida. Expectativas de vida y vacíos existenciales. El DNI arrugado y una identidad a construir. Recetas de comidas y algunos trastornos alimenticios. Raid para los mosquitos y las mariposas en mi estómago. Un libro sobre la vida que no termino de leer, y esas entradas inconclusas que dejo en finales abiertos.


miércoles

A veces las ganas de escribir ciegan mi creatividad y escribo cualquier cosa.

Cuando me pregunto a mi misma sobre qué escribir una entrada me siento tan común y tan corriente...
Al momento de subir al cole, de caminar a mi casa, de ver y de hundirme en esos ojos llenos de miel y dulzura, o de plantearme en dónde quiero estar dentro de diez años, o cinco, que me pregunten que va a ser de todo cuando nuestro tiempo sea otro más lejano, pero más instantáneo a la vez, es como si mis pensamientos me llevaran a lugares muy profundos, donde me debato internamente mi existencia y mi propósito en la vida... Capaz para terminar imaginándome en situaciones para las cuales me falta el coraje para experimentar, o para decirme a mi misma lo idiota que fui y lo que debí haber dicho, culpar a la edad, a las hormonas, a la menstruación, repartir mis arrepentimientos a otras razones con tal de no admitir que es momento de madurar. 
Es que al final de cuentas me doy cuenta de que mis problemas son tan superficiales. No estoy pensando en las minas que siguen enterradas en Afganistán o Irák, (son brillantes y los niños pueden confundirlas con juguetes), menos aún en las mujeres de Somalía, (que sufren abusos por cultura), o en Lalo, siquiera, (está teniendo dificultades de salud). 
Perdón. Cuando sea periodista de investigaciones, prometo compensarlas todas, pero por ahora, dejenme pensar en lo que quiero de mi misma, quejarme del colegio, distraerme con las ventanas, ruborizarme por un mimo. 

domingo

Conflicto...¿con C de "casa" o de "colegio"?

Si seguimos dando vueltas, nos vamos a marear.
Caemos en picada y no sabemos dónde aterrizar.
Una profunda inspiración antes de saltar, para estrellarme contra el planeta tierra y volver a la realidad.


No sé qué es peor, si estar en mi casa, o en el colegio. Capaz por eso me paso el tiempo en la parada del colectivo. 

martes

La inspiración no era el móvil de la creatividad; la inspiración era el proceso mediante el cual el cuerpo incorporaba aire a través de las vías respiratorias.

 Caiga o no caiga la nieve es más, o menos frío, usar ,o no guantes, abrochar, o no la campera. Los copos que se pegan en el pelo y las pestañas son molestos. Los roces entre manos congeladas lastiman, y queman por la escarcha. Las charlas son demasiado superficiales y cortas como para dejar que el aliento junto con su calor se escape. Bajar antes del cole es cagarse de frío y caminar de más.
No había inspiración ni ganas de hacer algo estúpido y espontáneo. 
¿Qué se decía en estos casos?
Seguía encontrando móviles para escribir, pero las producciones eran aburridas, calculadas y realistas. 

miércoles

Okey, let's talk about Kevin.

Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, en lugar de refregarle todas las cosas que no pude hacer de mi vida, le habría inculcado el poder de voluntad para que pudiera realizar los suyos propios. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría hecho cosas ricas para comer.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría hecho mimos todo el tiempo y le habría dicho lo mucho que lo amo.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, cuando pintó mi cuarto con pintura, me habría relajado, y lo habría felicitado por la creatividad, le habría ofrecido ayudarle a hacer lo mismo con el suyo.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, habría buscado ayuda. De un psicólogo, de un asistente social, de un mediador, cualquiera. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, me habría abierto a dar el primer paso dejando de lado el orgullo. Siendo paciente y tolerante, atenta y comprensiva.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, habría tenido en cuenta que es un nene, y que no mide del todo las cosas que dice o hace. Lo habría educado y orientado para que diferencie lo, moralmente, bueno de lo malo; y para que relacione las consecuencias de lo malo.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría hablado más todavía. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, le habría comprado ropa, cualquiera fuera la cosa que le gustara, y mañas de adolescente.
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, no habría permitido que matara a su propio padre y a su propia hermana. 
Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, en esa visita en la prisión para menores le habría hablado de la admiración que sentía su hermana hacia él, del amor incondicional que le tenía su padre. 


Si yo hubiese sido la mamá de Kevin, me habría sentido una mujer tan importante, con un deber por cumplir, con el mundo y con mi hijo, porque si realmente era genéticamente un sociópata asesino, entonces debería haber hecho lo imposible por ayudarlo. 


Por alguna razón, Kevin me recuerda a Gollum... Estaba desquiciado. Necesitaba amor y atención para recuperar el uso de la razón.*




*Toda la entrada hace referencia a la película: Tenemos que hablar de Kevin. La recomiendo. 

lunes

Un día soleado ya era inusual en invierno, de por sí.

El sol mantenía tibia mi cara, hace rato me había entregado al calor y cada tanto subía la cabeza, cerrando los ojos, en dirección al cielo, "que venga a mí", pensaba, "que me siga calentando", "que dure". Me sentía cómoda mientras esperaba el bondi.
Me pregunté cómo me vería desde afuera: chica con pelo por encima de los hombros, decolorado para verde, los chillones auriculares rojos, el sweater negro para el look desaliñado, El Retorno Del Rey entre las manos...
Algo que me gustaría ver en una foto, cómo me veo desde afuera.
Y sonaba See You de los Foo's en el mp4. Y Saruman sentía una mezcla de admiración, respeto y odio hacia Frodo en la Tierra Media. 
Y el flaco me escucha cantar en voz baja, qué vergüenza. Se para a pocos metros de donde estoy yo, y lo miro. Y es fachero, se viste bien y no estoy segura, será turista o lo habré visto antes? No es boludo y nota que lo estoy mirando. Y se acerca. Yo estoy leyendo.
- Disculpame...


Y yo estoy segura de que me va a preguntar si pasa el cole o si lo estoy esperando. Me saco los auriculares. 


-... ¿Te molesta si te saco una foto mientras leés? 
- (Whatss...? Jajaj.) No, no hay drama!


Me sonríe... Usa braquets.
Sigo escuchando música y trato de retomar la lectura. Él vacila y no sabe si sacarla mientras le sonrío, o si esperar a que siga leyendo. Me causa gracia, la foto la saca con su celular de muchos megapíxeles.


- Listo, gracias! Vos, sos de acá, ¿no?
- Sí, sí.
- ¿Sabés en dónde puedo tomar algo, así tranqui a la noche?
- Mmm, Baulhaus está bueno, yendo para Manzano. O el Viejo Fred también me copa, hacen pizzas y comidas caseras.
- Ah, bien, ¿y bandas que toquen en vivo?
- Y... Un lunes sería raro acá en Villa La Angostura.
- Ah, ¿no tocan los lunes?
- No... Bah, por ahí en Baulhaus en una de esas sí, aparte es una cervecería también. Está bueno.
- Uh, cervecería, mejor! Jaja. 
- Sí...
- Bueno, gracias, che! Suerte!
- No, por nada! Chau!


Y "sos raro", pienso. Pero en una dimensión paralela, una dimensión en la cual yo no tuviera bastantes años menos, habría reaccionado. Qué chabon, qué chamuyo tan original. Such a shame. 

jueves

Es inútil.

Ahora sentía que los chamuyos, las excusas... tantas idas y tantas vueltas, perdían la adrenalina y se convertían en respuestas incoherentes, que después de ser tan repetitivas se hacían enfermizas, concluyendo en la frustración: porque siempre caemos en lo mismo. 
Capaz no deberíamos esperar tanto el uno del otro.
Ese es nuestro error... Que esperamos donde ya no quedan esperanzas.


Que loco es empezar una nota pensando en una cosa y darte cuenta que en realidad estabas escribiendo sobre otra.

sábado

Anoche.

Hacía frío, llovía. Ahora se daba cuenta de que el vagabundeo no era un estilo de vida para cualquiera. La calle nunca era tan jodida hasta que se hacían las 4am. Se le antojaba una cama calentita, se habría conformado con un colchón en el piso, y aprovechando que soñar es gratis, por qué no, un té de boldo caliente.
Enroscada en su brazo, agradecía la compañía, pero habría preferido no haberla necesitado. Era buena amiga, siempre era tierna con ella. Rechazó su campera, y le dijo que estaba bien, que caminando iba a entrar en calor. 
Los chicos de enfrente compraron facturas, "qué hijos de puta". ¿Ninguno tendrá hora? Les daba vergüenza pedir un célular con crédito. En la panadería, el vidrio empañado por el calor hacía que el alma se llenara de anhelo, y de ese anhelo que te hace querer resignarte y aceptar que es solamente un deseo. Más pensamientos platónicos. Quiso dibujar una carita feliz en el vidrio, pero eso solamente era posible desde el lado de adentro... "¡Cómo quisiera estar del lado de adentro!
Esquivando charcos y tratando de silbar. Las zapatillas mojadas pesaban más que los borcegos; nunca había aprendido a silbar. La campera, le había dicho antes de salir, pero le contestó que no iba a ser necesaria, los viejos las iban a estar esperando apenas terminara la joda. Pero ahora no estaba ahí, ni ella, ni sus viejos, tampoco la campera. 
Minutos antes habían halagado la campera de cuero, "ya me lo habías dicho antes, gracias", pero eran cosas solamente superficiales, no calentaban, el corazón estaba frío, y también los brazos. Las caricias no eran tibias, y la campera de cuero no era térmica. Pero era lindo... Y la campera también era linda. 
Aún así habían cosas de las que no se arrepentía. 
El pelo verde era muy loco, sí, era muy loco. Pero había que encontrar un lugar en donde esperar, le dijo. Había que dejar de conversar de cosas estúpidas, así que le pidió que se rescatara. Ya demasiadas escenas le había hecho pasar cuando quiso hacerse la grande al frente de la cana.
A veces lloraba cuando tenía miedo, así que le agradeció a ella por consolarla. 
Los pensamientos siempre se iban al carajo. En el fondo, de todas formas, sabía que no se iba a morir.


Nunca más, se dijo, una vez ya acostada en la cama. 


El vagabundeo y la joda funciona para los que tienen auto, y celular, o para lo que viven en El Once.