jueves

Más que a tus gritos, odio escuchar los míos.


Poco a poco mis gritos se hicieron mudos, hasta el punto de desquiciarse, dañando mi integridad y mis cuerdas vocales, el sentido de mis palabras no era más que silencio en su reemplazo.
Me dolía la garganta, pero aún más la cabeza. 

Tengo que pensar con claridad, o seguir afónica e incapaz. 

lunes

La Ley de Murphy.

Lo más triste de tus monólogos tan insulsos y tan insípidos es el haberme dado cuenta de que lo son. Porque siempre fueron así, y nunca más voy a poder volver a escucharte como si algo me interesara. 

Cambié.
Pero vos te quedaste igual. 

viernes

Patética y cursi.

No caigamos en ese estúpido juego de orgullo y vergüenza, donde todos pierden y nadie habla. No seamos unos cobardes!

Aire fresco y sol tibio a la mañana.

Nunca estás compitiendo contra nadie, nunca mirás la hora.
No te importa quién te mira o si te chiflan. 
Le sonreís a todos, pero realmente te sonreís a vos misma. 
No importa a dónde llegues. Lo único que te importa es llegar.
Son tus pies, y es tu respiración. Sentís tu cuerpo, sentís tu alma. 
No estás escapando de nadie, te estás enfrentando al mundo. 
Sos valiente, sos fuerte, porque no abandonas. 
Cada kilómetro que sumas es tu mérito, nadie te lo puede refutar. 

Crema catalana rellena de nutella con salsa de chocolate y una rama de canela.

Como un pedazo de chocolate Águila justo antes de irme a dormir, para endulzar mis sueños y mis mares, para hacerme cerrar los ojos, suspirar, y querer siempre más.

sábado

Perdón. (no sólo a vos, si no, a todas las personas).

¿Podrías creerme si te dijera que soy mejor de lo que estuve demostrando ser? ¿Si te dijera que nunca en mi vida me había imaginado a mi misma de esta manera? ¿Si te dijera que no me puedo reconocer a mi misma? ¿Si te dijera que siento más rechazo hacía mi, del que vos podrías sentir? ¿Si te dijera que fue un año difícil? ¿Si te dijera que ni yo lo entiendo? ¿Y si te dijera que me arrepiento? ¿Si te dijera que quiero cambiar? ¿Si te dijera que realmente no soy ni tan estúpida ni tan hueca? 
Sólo entonces voy a admitir en mi completa vulnerabilidad que me siento perdida, que tengo problemas. 
Y si vos estás dispuest a perdonarme, va a ser un suspiro de alivio, que me quite el miedo a ser rechazada y que me haga animarme a decir "perdón".
Para poder perdonarme a mí misma.  

viernes

Mecanismos de autodefensa.

“Que la defensa exponga su argumento.”

“Gracias, Su Señoría. Damas… Caballeros. Tras vatios giros inesperados y llegados a este punto del juicio nos damos cuenta del valor ético y moral propuesto por una diferente perspectiva de la palabra “Justicia”. Porque, ¿qué es la Justicia una vez que se la acompaña con el peso de la Verdad? ¿No están siempre aliadas? ¿Cuál supone ser el propósito de la Justicia si no es más que la búsqueda irrefutable por encontrar la Verdad? Y en cualquiera de los casos, ¿qué supone ser la Verdad? Y con respecto a la Justicia, ¿qué significa decir la Verdad? Porque la Verdad es un concepto que va más allá de jurar con la vida su prevalencia, más allá de un acto o de un hecho. La Verdad es un valor humano, probablemente el más importante.
La Verdad… la originaria Verdad no es aquella teoría que plantea la formación del Universo, si no, esa a partir de la cual una persona puede llegar a comprender cuál es su función en este Universo, y la oportunidad de cumplirla. Esa Verdad, señoras y señores en el estrado, es la respuesta a una pregunta cerrada que sólo podrá ser realizada encontrándose uno frente al espejo, un momento íntimo en el cual se cuestiona así mismo: “¿está bien, o está mal, lo que estoy haciendo?”, -a otro nivel ético que “¿cómo se declara así mismo?”-. Pese a la simplicidad de esta pregunta, al ser contestada han de analizarse factores complejos relacionados con el entorno y lo interno de la persona quien plantea la pregunta en cuestión. Las Razones, es decir.
La Razón, planteada en este contexto, hace referencia al origen de la acción, el objetivo que la moviliza. Sea, o no, analizada, consciente o subconsciente, es en base a esta que se responde la pregunta del Bien y del Mal. Y si la originaria Verdad, es una pregunta, entonces la Razón, será la respuesta. Porque es en ese momento en el cual uno sabe si está bien, o no, lo que hizo. La Razón deberá siempre ser pura, al tratarse de una Verdad. En el caso de vincularse con el odio a través de la venganza, sabremos que las Razones nunca fueron reales, porque con al odio sólo podrá llegarse con, y a través de mentiras. Citando “la Verdad es el objetivo, y el Amor, el medio para llegar a ella”, (Gandhi), lo daremos a comprobar. Aún así, cada caso deberá ser analizado meticulosamente, porque “cada persona, es un mundo aparte”, y así, me gustaría agregar, que incluso podríamos referirnos a Universos aparte. Cada persona tendrá un centro sobre el cuál girar, una órbita sobre la cual rotar; todos tenemos un lado más oscuro donde el Sol no se refleja en la Luna. De esta manera, es imposible presentarnos y explicar cómo funciona cada sistema solar dentro nuestro, y sabiendo esto, nunca iremos a ser capaces de conocer siquiera uno de los sistemas solares que representaría a la vida de nuestros pares. Nunca vamos a ser capaces de explicar todas nuestras Razones, y menos aún, de conocer las Razones ajenas. 
Así que, Su Señoría, ¿quién es usted para juzgar a mi clienta? ¿Habrá usted, pasado quince años, doce meses, quince días, una hora y cincuenta y dos minutos analizando el entorno y el fuero interno de mi clienta, para poder entender sus Razones? ¿Será usted la autoridad máxima, reconocida por fuera cual fuese la fuerza que controla el Universo de cada uno de nosotros? Y así mismo, ¿quiénes sos todos ustedes? Sentados en el estrado, haciéndose llamar el jurado, esperando para dar a conocer su sentenciado. ¿Quiénes se creen que son, para osar juzgar las Razones de mi clienta? ¿Cómo pueden ustedes, responder a una pregunta que debería realizarse ella, así misma? Mi clienta se declara a sí misma como Culpable. Pidiendo perdón, a su vez, mi clienta se declará culpable. Culpable de ser humana, de ser adolescente; de no saber equivocarse, y por eso equivocarse a lo grande. Culpable de ser insegura y de tener miedos, culpable de no querer enfrentar sus problemas, culpable de buscar soluciones rápidas y evasivas. Culpable de querer ser aceptada y no saber cómo. Culpable de tratar de ser ella misma y de buscarse. Culpable de haber cometido errores. No obstante, mi clienta no se declarará culpable de ser mala persona; mi clienta es culpable de ser una persona. Así como todos lo somos. Con aciertos y errores, con un Universo lleno de planetas y estrellas. “Que arroje la primera piedra quién nunca ha pecado”.

domingo

Nunca llevé decenas de pañuelos, nunca habrían sido suficientes.

Perdón por no saber qué decirte. 
Lamento sonreírte de costado y dedicarte ojos compasivos. 
Disculpa si es estúpido que vacile y te pregunte cómo estás. 
No sé si abrazarte.
No sé qué palabra será justa, ¿cómo consolarte, aún sabiendo que es imposible?
Es que, siéndote sincera, nunca supe cómo dar un pésame.

Te desconozco, te extraño; es que ahora sos un desconocido y un extraño.

Ibas a ampliar nuestros horizontes, nos ibas a hablar con la verdad espontánea que nace del corazón para ser traducida en palabras. Nos ibas a dar el impulso y la organización para poder llevar a cabo nuestras causas y revoluciones. Ibas a ser nuestro confidente y estratega. Ibas a liderar todas nuestras rebeliones, dispersas como cualquier deliberación interna, pero pura, al ser causada y fundamentada por principios inmutables y una ética moral sincera que vos nos habrías inculcado. Ibas a inspirarnos con arte, porque eso eras, un artista. Objeto de inspiración por ser un alma libre, con tu espíritu siempre joven y tu esencia limpia de las ideas que el sistema habría de influenciarnos para mantenernos presos. Pero vos nunca ibas a permitirlo, porque eras un guerrero. Un revolucionario, capaz de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida hacia cualquiera, la virtud más linda de un revolucionario. Me ibas a hablar de filósofos y pensamientos, y yo te iba a escuchar, porque vos no te ibas a contradecir nunca. De saber quién eras, y adónde querías llegar, yo te iba a admirar porque siempre lo ibas a tener en claro. Yo iba a querer ser como vos. Ibas a ser mi ídolo, el más grande. Eras un bohemio, un hippie, un liberal. Eras un genio de la vida. Eras una persona real. Habrías sido mi referente para todo, con tus errores de los cuales yo podría aprender, pero con tu corazón al cual yo siempre iba a seguir, por compartirlo, por bombear la misma sangre en un cuerpo con los mismos genes.
Debiste haber sido más valiente y más resistente. 
No hay máquinas del tiempo, ni contravientos que te hagan volver, porque ni aunque quisieras, podrías volver a ser el mismo. Ya te alejaste demasiado de quién eras, años luz de distancia. 
Yo no sé quién sos. Pero sé a quién extraño.




sábado

Soy libre porque puedo escribirlo.

Olvidarse de los problemas para poder distraernos, o no olvidarlos para poder expresarlos. Es dejar que los pensamientos viajen y recorran cada recoveco dentro de nuestro fuero interno, para encontrar recuerdos y limpiar capas de polvo y telarañas. Es dejar que los pensamientos fluyan, para que nos hagan levitar, desafiando las leyes de la física y gravedad, para que podamos terminar en universos desconocidos, las famosas dimensiones paralelas, que la creatividad jamás limita, sino que alimenta. Nos damos la oportunidad de despegarnos de la realidad y encontrar un propio lugar dentro de nuestra imaginación. Un lugar donde sea posible respirar con los ojos cerrados, donde cada exhalación es un suspiro del alma, que sopla y que aleja dolores o preocupaciones; donde cada exhalación desprende ropa, desnudando el cuerpo y liberando al corazón. E inhalar es inspirar, pero inspirar al espíritu para que siga siendo osado, dando la valentía y los motivos necesarios para concretar la autenticidad de un propósito sincero, que no lucra, que es puro, porque es un sentimiento.

jueves

Fue así como dejaron de escucharse garras afiladas, desesperadas por interrumpir en la puerta de mi cuarto. Cesaron los ruidos toscos, por la noche, y en los pasillos de la casa. Las puertas ya no se abrían solas ni desaparecían las cosas. 
El silencio hacía eco en las cuatro paredes de mi habitación. 
Mi gata no se volvía loca por entrar en mi cuarto y molestarme, acostarse en mi ropa negra, para llenarla de pelos blancos. No roncaba al lado de mi puerta las noches que la hacía dormir en el pasillo. No saltaba a los picaportes para entrar a la casa cuando de quedaba afuera. 
Sini no estaba.